Lección 9 Experimentando la gracia

Lección 9
Experimentando la gracia

Ya nos hemos preguntado por qué hay tanto sufrimiento y dolor en esta tierra, y hemos encontrado respuesta satisfactoria en las Escrituras. Pero nuestro cuestionamiento de por sí denota nuestro enfoque en el dolor existente, aparentemente ignorando un hecho tan real como el dolor mismo: que cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Romanos 5: 20).

En esta lección, veremos la gloriosa verdad bíblica de que la gracia de Dios manifestada en la cruz es disfrutada día a día por todos, creamos o no, y que ella nos llevaría a todos al cielo si sólo lo permitiéramos.

Gracia que sobreabunda

Junto con el regalo de su hijo (Juan 3: 16), ¿qué otras cosas entregó Dios el padre al mundo? (Romanos 8: 32).

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

“Es por medio del don de Cristo que recibimos toda bendición. Por medio de este don desciende sobre nosotros día tras día sin interrupción el raudal de la bondad de Jehová. Todas las flores, con sus delicados tintes y fragancia, nos son dadas para nuestro deleite por medio de este único don. El sol y la luna fueron hechos por él. No hay una sola estrella que embellezca el cielo que él no haya hecho. Cada gota de lluvia que cae, cada rayo de luz derramado sobre nuestro ingrato mundo, testifica del amor de Dios en Cristo. Todo nos es suministrado por medio del único don inefable, el unigénito Hijo de Dios. Fue clavado en la cruz para que todas estas larguezas corrieran sobre toda la creación de Dios”. (Ministerio de Curación, p. 404).

¿En que forma describe Jesús el hecho de que la gracia de Dios es otorgada en esta vida sin distinción de personas? (Mateo 5: 45).

Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

“A la muerte de Cristo debemos aún esta vida terrenal.
El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado.
El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada.
Nadie, santo, o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada pan.
Está reflejada en cada manantial”. (El Deseado de Todas las Gentes, p. 616).

Amor que busca

De qué manera práctica y real obraría la cruz sobre cada ser humano? (Juan 12:32).

Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

Cristo obró en la cruz la salvación de cada ser humano. Compró el derecho de cada hijo e hija de Adán de que la gracia obre sobre su corazón. Jesucristo, habiéndonos comprado, y habiéndo ganado el derecho a obrar su salvación en nosotros, ha procedido a ejecutar en cada uno la obra iniciada en el Calvario.

¿Qué ilustración usó Cristo para representar el hecho de que él procura diligentemente el rescate de su propiedad? (Lucas 15: 4).

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

La expresión hasta encontrarla denota cuan determinado está Cristo en encontrar a los perdidos. En la próxima sección, estudiaremos que lamentablemente el Buen Pastor no siempre logra este objetivo.

Notemos cómo cada nivel de la experiencia cristiana es un don que constituye parte de la atracción ejercida por Cristo sobre cada alma.

1. Fe. Efesios 2: 8. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

2. Arrepentimiento. Romanos 2: 4. ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

3. Nuevo Nacimiento. 2 Corintios 5: 17, 18. Si alguno está en Cristo nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron. Todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.

4. Crecimiento y Perfección. Filipenses 1: 6. Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.

5. Esfuerzo en la lucha cristiana. Filipenses 2: 12, 13. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

6. Santidad. Exodo 31: 13. Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.

Mucho se ha discutido sobre que parte hacemos nosotros en nuestra salvación, y que parte le toca a Dios. Lo cierto es que las escrituras enseñan que todo lo que corresponde a la salvación es una obra conjunta, no porque somos nuestros co-salvadores, sino porque Dios lo hace todo en nosotros.

En una lección futura, veremos más acerca de la obra de Dios en el corazón humano.

¿Tengo alguna opción?

Calvino proponía como una verdad bíblica el que la gracia de Dios era irresistible, por ser una gracia soberana de un Dios todopoderoso. Por lo tanto, si alguien no era salvo era porque Dios no había ejercido su gracia sobre él. Es decir, no era uno de los predestinados.

Sin embargo, la Biblia en realidad nos enseña que la facultad del hombre de decidir su destino es la razón principal por la que existe el dolor en este planeta. Nuestros primeros padres así lo decidieron. Afortunadamente, está al alcance de cada ser humano revertir este efecto en su vida. La obra fue hecha por Cristo ya. Sin embargo, nuestra oposición obstinada a este glorioso destino que nos aguarda, pudiera ser lo que determine el resultado final.

¿Sobre quiénes alumbra la luz salvadora de Cristo? (Juan 1: 9).

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

¿Qué opción tiene cada ser humano? (Juan 3: 18).

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más la tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

La luz ha brillado desde la cruz sobre cada ser humano, haya oído de ella o no. La Condenación es traída sobre sí cuando, escuchando el evangelio, en lugar de creer, se decide por las tinieblas, rechazando tercamente la luz.

“En el don incomparable de su Hijo, ha rodeado Dios al mundo entero en una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que quisieren respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús” (El Camino a Cristo, p. 68).

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