Lección 7 La muerte que da vida

Lección 7
La muerte que da vida

En lecciones anteriores contestamos preguntas tales como ¿por qué morimos? ¿por qué si Cristo murió para que no tuviésemos que morir, de todas formas seguimos muriendo? Descubrimos que la clave está en comprender el hecho de que por el pecado de Adán, la muerte pasó a todos nosotros, y que, sin embargo, la muerte que pasó a nosotros es la muerte primera, y no la eterna o segunda, gracias a que Cristo murió para librarnos de esta última, y no la primera, al menos no por ahora.

En esta lección, estudiaremos con más detalle, cómo es que la muerte de Cristo canceló la deuda contraída por Adán que debía ser pagada con la muerte eterna; es decir, cómo Cristo nos libró de la muerte eterna, y cómo su victoria es nuestra victoria.

Los dos Adanes

¿Cómo llama la Biblia a Cristo? (1 Corintios 15: 46).

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

En la teología Paulina, el contraste entre Adán y Cristo, también llamado el postrer Adán, es una escena presentada repetidas veces.

¿Cómo resume Pablo, escribiéndoles a los Romanos, la forma en que Cristo contrarrestó los efectos del pecado de Adán? (Romanos 5: 18-20).

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

La Biblia presenta claramente la idea de que todos estábamos en Adán cuando este pecó. Es decir, todo lo que le pasó a nuestro primer padre, nos pasó a todos. Cuando él fue creado, la humanidad entera fue creada. Cuando él pecó todos pecamos.

De la misma manera, la Biblia nos presenta cómo todo lo que le sucedió a Cristo, el postrer Adán, nos pasó a todos, pues él canceló los resultados de la transgresión del primer Adán en lo relativo a nuestro destino eterno.

Tan seguro como que ya pasó

Note cómo la Biblia enseña que cada una de las experiencias espirituales básicas de Cristo en su humanidad fue como si la humanidad completa misma la hubiese experimentado.

1. Obediencia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán
constituidos justos (Romanos 5: 18, 19).

2. Muerte. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron (2 Corintios 5: 14).

3. Resurección y Ascención. Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Efesios 2: 5, 6).

Cristo aseguró la salvación eterna de cada ser humano, tan ciertamente como si ya hubiese sucedido. Porque él obedeció, nuestra obediencia es tan segura como si nosotros mismos hubiésemos ya obedecido. Porque él fue muerto de muerte eterna, nuestra deuda ante la ley (Romanos 6: 23) está tan seguramente pagada como si nosotros mismos hubiésemos muerto. Nuestra resurrección y ascención a lugares celestiales es tan cierta como si él nos hubiése ya llevado consigo al ascender. Llevó la humanidad al ascender porque llevó nuestra humanidad.

¿Qué está haciendo Cristo en el cielo desde que ascendió?

1. Hebreos 8: 1, 2. Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.

2. Hebreos 7: 24, 25. Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

3. 1 Timoteo 2:5. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

El oficio contínuo de Cristo en el presente es interceder por nosotros, como sumo sacerdote que media ante el Padre como nuestro representante. Note cómo Pablo, al escribir a Timoteo (1 Timoteo 2: 5), hace énfasis en el hecho de que el mediador entre Dios y el hombre lleva nuestra naturaleza.

¿Cómo capacitó a Cristo su experiencia terrenal para su obra de mediación?

1. Hebreos 2: 17, 18. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar
los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

2. Hebreos 4: 15. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

La Biblia deja claro el hecho de que la naturaleza humana de Cristo era exactamente igual a la nuestra, con la excepción del pecado, y que por lo tanto, sintió exactamente lo mismo que sentimos nosotros al ser tentado. Esto nos asegura que él es capaz de compadecerse de nosotros, y de socorrernos de la tentación.

¿Cómo expresa Pablo específicamente el hecho de que, a pesar de llevar nuestra naturaleza caída, él fue capaz de vivir una vida sin pecado? (Romanos 8: 3).

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.

Es un hecho bíblicamente comprobado, que Cristo llevó la naturaleza, no sólo de Adán después de la caída, sino también aún la de Abrahán, pues era uno de sus descendientes (Hebreos 2: 16). Este hecho nos debería de llenar de esperanza. El nos comprende porque experimentó lo mismo, y nos capacita para vivir sin pecado, porque él en nuestra débil carne lo venció.

En su lucha contra el pecado, su pureza y santidad no fueron comprometidas. Es importante recordar que la tentación no es pecado, y que la fiereza de la tentación, sólo demuestra la enormidad de la victoria sobre este último.

En su vida en la carne, ¿cómo se cumplieron las palabras de que él puede compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15), y de que llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores (Isaías 53: 4)? (Mateo 8: 16, 17).

Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Cristo sintió nuestro dolor como si fuera el suyo, nuestra necesidad como si hubiese sido la suya propia, nuestra culpa y pecado como si él mismo los hubiese cometido.

¿Qué ejemplo tenemos en los evangelios de que Cristo, al identificarse con la humanidad, comenzó aquí en esta tierra su obra de intercesión ante el Padre? (Mateo 6: 12).

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Cristo llevó nuestro pecado sobre su cuerpo, no solamente por 6 horas sobre la cruz, sino por toda una vida terrenal, sintiendo nuestras dolencias, sintiendo la fuerza de nuestras tentaciones, y experimentando nuestra lucha contra la carne y el pecado. La oración del Padrenuestro, enseñada a sus discípulos cuando estos lo encontraron orando en soledad (Lucas 11: 1), es un ejemplo de este hecho. Fue hecho pecado (2 Coritnios 5: 20) no en virtud de haber pecado, pues no lo hizo, sino al llevar sobre su naturaleza perfecta, nuestra naturaleza caída.

Lee en tu Biblia a Isaías 53, nota cómo Cristo se identificó con nosotros, y cómo su muerte nos trae vida.

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