Lección 6 ¿Quién es Jesucristo?

Lección 6
¿Quién es Jesucristo?

Jesús y los doce se habían retirado temporalmente a las regiones remotas de Cesarea. Allí tendrían tiempo, no solamente de descansar y recobrar nuevas fuerzas para continuar su obra, sino también para evaluar el resultado de su misión, y el impacto que ésta había tenido en el pueblo.

Jesús, quien parecía no reaccionar ante los alagos ni ante las críticas, hizo una pregunta inusual: ¿quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? (Mateo 16: 13). Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas (Versículo 14), fue la respuesta de sus discípulos.

Hoy en día, hay respuestas varias cuando se levanta la misma interrogante. Muchos los consideran un gran maestro y filósofo, otros lo consideran un impostor endiosado por seguidores fanáticos. Otros lo consideran un ángel creado por Dios, y otros el mismo Dios encarnado. Pero ¿qué nos dice la Biblia en realidad? ¿Qué reclamaban sus seguidores, y aún él mismo? ¿Hubo apoyo alguno para tal reclamo?

En esta lección daremos respuesta a estas y otras preguntas.

Jesucristo: ¿Dios mismo, otro dios, o un dios en lo absoluto?

¿Qué reclamaba Jesús en cuanto a su identidad con relación al Padre?

1. Juan 10: 30. Yo y el Padre uno somos.

2. Juan 12: 9. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices
tú: Muéstranos el Padre?

Jesús hizo, repetidas veces, sus reclamos, por palabras y acciones, de ser Dios, y de tener las mismas prerrogativas que el Padre. Así lo interpretaron sus detractores, y por ello estuvo dispuesto a que lo apedrearan antes de negar sus reclamos (Véase Juan 10: 31). Afortunadamente, esto último no sucedió, pues no había llegado su hora.

¿Qué consideraban, y aún reclamaban, sus seguidores?

1. Juan 1: 1. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

2. Juan 20: 28. Entonces Tomás respondió y le dijo: !Señor mío, y Dios mío!.

3. Tito 2: 13. aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

4. Filipenses 2: 6. el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.

Santo Tomás, apóstol cuyo nombre pasó a significar incrédulo en la mente de muchos a raíz de su escepticísmo ante el reporte de la resurreción de su maestro, exclamó su reconocimiento de la divinidad de Cristo al convencerse de la realidad del resucitado. San Juan, apóstol amado, quien conoció a Jesucristo más íntimamente que ningún otro, reconoció la gran profundidad del misterio del origen de su maestro. Pablo, teólogo de antecedentes monoteístas, es decir, que creía en la existencia de un solo Dios, y por lo tanto, que una vez veía a Jesús como un impostor, expandió nuestro entendimiento del misterio de la encarnación de Dios en la persona de Jesucristo, como se ve en sus escritos.

Todos ellos sufrieron persecución y aún la muerte a causa de su convicción de este hecho como la resurrección demostraba.

Siendo la resurrección un hecho con bases históricas más sólidas que la de cualquier otro hecho de la historia antigua, y siendo que ésta, de por sí, demostraba la certeza de los reclamos del resucitado y sus seguidores, no es de extrañar que también tenga el respaldo de las profecías del Antiguo Testamento.

¿Qué profecías del Antiguo Testamento parecían anunciar que el tan esperado Mesías sería el mismo Dios encarnado?

1. Isaías 9: 6. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,
Príncipe de Paz.

2. Miqueas 5: 2. Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.

El mismo hecho de que en Jesús de Nazaret se cumplieron con asombrosa exactitud las predicciones proféticas del Antiguo Testamento, demuestra que él era Dios, tal y como tales predicciones reclamaban. Como ejemplo de esto, tenemos la profecía relacionada al lugar de su nacimiento. El hecho de que haya nacido en Belén de Judá como se había predicho, demuestra que sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad (Miqueas 5: 2), siendo tan eterno como Dios mismo.

¿Por qué no podía ser Cristo simplemente otro dios, secundario y por lo tanto inferior al Padre?

1. Isaías 43: 10, 11. Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.

2. Hechos 4:12. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

3. Exodo 20: 3. No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Los discípulos de Cristo, quienes eran estrictos en su fidelidad a las escrituras de los antiguos profetas, nunca hubiesen reclamado que Cristo era el único que podía salvar, y que éste era un ser no creado, a menos que estuviesen convencidos de que él tenía las mismas prerrogativas y la misma naturaleza que el Padre.

El misterio de la encarnación

Que Dios naciera como hombre en Belén de Judá, que tuviera a una joven judía llamada María como madre, y que fuera criado por un padrastro llamado José, permanece como un misterio. El mero hecho de que su madre haya salido embarazada es un misterio. Estos son misterios, no por ser totalmente desconocidos, sino por ser insondables. Es decir, la Biblia los explica tanto como haya sido visto necesario por Dios. Nunca, sin embargo, al punto de satisfacer toda curiosidad e inquietud al respecto.

¿Cómo llama el apóstol Pablo este misterio? (1 Timoteo 3:16).

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

¿Cómo salió la joven María embarazada? (Lucas 1: 34, 35).

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Aquel bebé era producto de la unión de lo divino y lo humano. Fue engendrado del Espíritu Santo (divino), en la matriz de la Virgen María (humano).

¿Qué implicaba el nacimiento de Dios en la carne humana? (Gálatas 4: 4).

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.

El apóstol presenta como coexistentes dos hechos conjugados en el nacimiento de Cristo:

1. Que nació de mujer.

2. Que nació bajo la ley.

¿Cuán humano era Jesús como se ve en su experiencia?

1. Le daba sed.

a. Juan 19: 28. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.

b. Juan 4: 7. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

2. Le daba hambre. Mateo 4: 2. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

3. Le daba sueño. Lucas 8: 23. Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.

4. Se cansaba. Juan 4: 6. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

5. Se enojaba. Marcos 3:5. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano
le fue restaurada sana.

6. Lloraba. Juan 11: 25. Y Jesús lloró.

¿Qué en cuanto a sentir las tentaciones como nosotros?

a. Hebreos 2: 17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar
los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

b. Hebreos 4: 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza,
pero sin pecado.

“Cristo era uno con el Padre, y sin embargo estuvo dispuesto a descender de la exaltada posición de quien era igual a Dios. Para poder cumplir su plan de amor para la raza caída, él se convirtió en hueso de nuestro hueso y carne de nuestra carne. Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aún cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado”.
“Nuestro Salvador tomó la humanidad con todos sus riesgos. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado” (El Deseado de Todas las Gentes p.p. 32, 92).

“Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó todas las tentaciones con las que es acosado el hombre. Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu divino moraba en un templo de carne. Se unió a sí mismo con el templo. ‘Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros’, porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas de Adán” (Youth Instructor 20-12-1900).

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