Lección 19 Poniendo a Dios a prueba

Lección 19
Poniendo a Dios a prueba

Una de las expresiones bíblicas aparentemente más amenazadoras y desafiantes, fue la emitida por el mismo Dios, en tiempos del profeta Malaquías, cuando dijo:

¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde (Malaquías 3: 8-10).

Al escuchar esta expresión divina nos preguntamos: ¿cómo es que un Dios de amor puede emitir expresiones en un lenguaje tan fuerte?, ¿qué lo habrá motivado?, ¿cómo podemos hacer esta expresión compatible con el carácter amoroso de Dios revelado en otras partes de la Biblia?, y ¿qué son los diezmos y las ofrendas, después de todo, que el Dios infinito, dueño de todo el universo, si no lo damos nos llama ladrones? En esta lección, examinaremos este importante tópico, ya que su claro entendimiento, no sólo vindicará el carácter de Dios, sino que también traerá una gran bendición sobre nuestras vidas.

La bendición de dar versus la maldición de retener

¿Cómo nos ayudan las palabras de Jesús, citadas por Pablo, a comprender en qué consiste la maldición de no dar diezmos y ofrendas? (Hechos 20: 35).

En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Si es más bienaventurado dar que recibir, entonces la maldición de retener los diezmos y las ofrendas no es más que la privación de las grandes bendiciones que Dios promete derramar sobre el dador alegre (2 Corintios 9: 7), hasta que sobreabunden (Malaquías 3: 10). En lugar de procurar con amenazas una dadivosidad forzada producto del temor a la maldición divina, Dios se deleita en recibir ofrendas de amor provenientes de las manos de un alma agradecida.

Las bendiciones que Dios promete derramar en abundancia sobre el dador alegre, no son necesariamente bendiciones materiales, ya que aún los que no diezman ni dan ofrendas reciben bendiciones materiales compradas por la cruz. Recordemos que Cristo dijo que Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5: 45).

Es justamente el convertirnos en canales a través de los cuales las bendiciones materiales compradas por la cruz fluyan hacia los más necesitados, lo que constituye la mayor bendición. Elena White dijo: “Dios es la fuente de vida, luz y gozo para todo el universo. Sus bendiciones, como rayos de sol, fluyen desde él hacia todas las criaturas que él ha hecho. En su amor infinito ha concedido a los hombres el privilegio de llegar a ser participantes de la naturaleza divina, para que ellos a su turno compartan las bendiciones con sus semejantes. Esto constituye el honor más elevado y el gozo más grande que Dios pueda derramar sobre los hombres. Estos son conducidos más cerca de su Creador al convertirse en esta forma en participantes de los trabajos de amor. El que rehusa llegar a ser un ‘obrero juntamente con Dios’ -el hombre que por amor a la complacencia egoísta ignora las necesidades de sus semejantes, el avaro que amontona sus tesoros- está privándose de la bendición más rica que Dios puede proporcionarle” (Consejos sobre la Mayordomía Cristiana, p. 27).

¿Cómo explica Pablo en qué consiste la mayor riqueza que procede de dar, lo cual es una bendición para el creyente? (2 Corintios 9: 7, 8).

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

La bienaventuranza o bendición de dar radica en el acto mismo, y no en los beneficios materiales que de éste acto se puedan desprender. El acto de dar constituye la expresión en dones materiales, de las bendiciones espirituales que se multiplican por el mismo acto de darles cabida a su expresión en obras de justicia. Es decir, cuando damos bienes materiales es porque los hemos recibido de Dios juntamente con los espirituales, y al compartirlos recibimos a cambio bienes multiplicados, sobre todo, de naturaleza espiritual.

La motivación correcta al dar

¿Qué fuertes motivaciones son descritas por Pablo como las que estimulan correctamente toda buena obra, incluyendo el dar?

1. 2 Corintios 5: 14, 15. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2. 2 Corintios 8: 9. Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

“El espíritu de liberalidad cristiana se fortalecerá a medida que se lo ejercita, y no necesitará estimulación malsana. Todos los que poseen este espíritu, el espíritu de Cristo, con gozosa presteza llevarán sus donativos a la tesorería del Señor. Inspirados por su amor a Cristo y por las almas por quienes él murió, sienten una intensa urgencia por desempeñar fielmente su parte” (Consejos sobre Mayordomía Cristiana, p.p. 35, 36).

La Biblia nos dice claramente que Dios es el dueño de todo (Salmos 24: 1; Hageo 2: 8), por lo tanto, lo que tenemos, en realidad, no es nuestro sino suyo. También nos enseña que su derecho sobre nosotros y lo que poseemos, proviene tanto de habernos creado como de habernos redimido (Salmos 24: 2; 1 Corintios 6: 19, 20). Sin embargo, su derecho sobre nosotros por creación y por redención no es necesariamente la mayor motivación del verdadero creyente. Es decir, no es el que Dios reclame su derecho lo que ha de motivar al verdadero creyente a abrir sus manos. Es el amor de Cristo, quien como fino alabastro de fragante nardo, se derramó sin reservas por nuestra salvación, lo que ha de constituir la fuerza motora que impulsará al cristiano en todas sus acciones. La comprensión de tal amor producirá nuestra respuesta de amor revelado en obras de justicia, incluyendo el diezmar y ofrendar.

Ni el temor o miedo al disgusto divino, ni la codicia por la recompensa traducida en bendiciones multiplicadas, son razones auténticas para nuestra fidelidad en diezmar y ofrendar. Nuestro amor y gratitud a Dios, en cambio, sí lo son.

El patrón de dadivosidad implantado por Dios

¿En qué consisten los diezmos? (Levítico 27: 30).

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.

Diezmo significa literalmente 10 por ciento. Este término es utilizado en referencia al sistema de dadivosidad sistemática establecido por Dios en el Antiguo Testamento. Básicamente, consiste en la entrega a Dios del 10 porciento de las ganancias por parte del adorador, ya sea en frutos, ganado, dinero, o cualquier forma en que se materialice dicha ganancia. Dicho sistema, como sus múltiples referencias bíblicas demuestran, aseguraba que siempre habría provisión plena para la causa de Dios, y no que ésta dependería de un arrebato impulsivo y esporádico por parte del creyente.

¿Para qué propósito estaba destinado el diezmo?

1. Hebreos 7: 5. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

2. Números 18: 21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.

En tiempos en que se estableció el pueblo de Israel como pueblo de Dios, y el Santuario como lugar de adoración, los Levitas, o descendientes del patriarca Leví, fueron constituídos los ministros de dicho Santuario. Los diezmos fueron divinamente asignados para el sostén de estos ministros. En la actualidad, los pastores y maestros de la Palabra constituyen los Levitas modernos, a quien el uso de los diezmos de nuestras ganancias deberían ser destinados.

¿Cómo se aplica en el Nuevo Testamento, según Pablo, antiguo sistema destinado al sostén de los ministros? (1 Corintios 9: 13, 14).

¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

Recordemos que, como indicamos al comienzo de la presente lección, Dios se siente robado cuando retenemos los diezmos (Malaquías 3: 8-10). Por lo tanto, cuando somos fieles al entregarlos a su causa, trayéndolos al templo, no estamos entregando nuestro dinero meramente a los hombres, sino al mismo Dios.

Los Diezmos previo a la Ley

¿Existe alguna evidencia bíblica de que el sistema de los diezmos estuviera ya establecido previo a la entrega de la ley en el Sinaí?

1. Hebreos 7: 6. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

2. Génesis 28: 20-22). E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.

De acuerdo a la Biblia misma, tanto Abrahán, como su nieto Jacob, dieron los diezmos, cada uno por separado, en diferentes circunstancias. Esto demuestra que ya en su tiempo el sistema de los diezmos estaba establecido. Estos eventos sucedieron más de 400 años antes de la entrega de la ley en el Sinaí.

Los Diezmos en el Nuevo Testamento

¿Hay alguna evidencia de que Cristo considerara que el diezmar continuaría siendo válido en el Nuevo Testamento? (Mateo 23: 23).

!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

Cristo explica claramente en este pasaje, que los Fariseos y Escribas manifestaban su hipocresía en la ironía de su escrupulosa observancia del sistema de los diezmos, mientras ignoraban a propósito lo más importante de la ley, es a saber, la justicia, la misericordia y la fe. No obstante, a la misma vez, el mismo Señor deja claro que, en ninguna manera, estaba implicando que el diezmar mismo era parte de su hipocresía, y que por lo tanto, debía dejar de hacerse. Por esta razón dijo: Esto era necesario hacer, {la justicia, la misericordia y la fe} sin dejar de hacer aquello {diezmar}.

Las Ofrendas

¿Cómo denotan estos versículos que las ofrendas fueron establecidas para ser dadas dando lugar a la discresión y posibilidades del creyente?

1. 1 Corintios 16: 2, Reina Valera Antigua. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas.

2 Corintios 9:7. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

Mientras que los diezmos, al ser instituidos, fueron específicamente asignados tanto en su proporción en relación a las entradas del creyente, como en su objetivo dentro de la obra de Dios, las ofrendas fueron dejadas más al juicio del adorador en estos respectos. Los diezmos que entregamos manifiestan nuestra fidelidad y honradez, mientras que las ofrendas manifiestan nuestro agradecimiento y prioridades. Ambas consituyen partes necesarias de nuestra adoración al Creador, dueño de todo, y de nuestra contribución al sostén de su causa.

El patrón en el Nuevo Testamento

Hay quienes justifican su negación a entregar los diezmos, alegando que éstos eran parte de la ley del Antiguo Testamento, y que por lo tanto, de este lado de la cruz, Dios tiene diferentes expectativas. Como ya hemos visto, el mismo Jesús esperaba que los diezmos continuaran como parte de la adoración del creyente (Mateo 23: 23). En el Nuevo Testamento, Dios no reduce sus expectativas, ni el creyente minimiza en ninguna forma su expresión de fidelidad y gratitud hacia su creador.

¿Cómo podemos aplicar las siguientes palabras de Cristo a la entrega de los diezmos? (Lucas 17: 10).

Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Estas palabras de Cristo pueden ayudarnos a comprender que nuestra fidelidad y gratitud a Dios, lejos de hacernos buscar razones para evitar el diezmar como se instituyó en el Antiguo Testamento, nos hace buscar aún mayores formas de entregar lo que tenemos y somos a Dios. El cristiano que es motivado por el amor a Dios, no preguntará qué es lo mínimo aceptable, sino que buscará siempre entregar todo lo posible por aquel que se entregó a sí mismo por él.

¿Cuál era el patrón practicado por la iglesia postrera al Pentecostés? (Hechos 4: 34, 35).

Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.

Los miembros de la iglesia primitiva, henchidos del amor de Dios e impulsados por el Espíritu Santo, no se limitaban a los diezmos y a mezquinas ofrendas. Ellos vendían todas sus posesiones, y traían las ganancias que de su venta procedían, a los pies de los apóstoles, quienes la administraban. Antes que poner en cuestionamiento cuán apropiado o bíblicamente correcto sea el diezmo para nuestro tiempo, o antes que vacilar ante la entrega generosa de ofrendas para la causa de Dios y para los necesitados, veamos el ejemplo de Cristo, quien se entregó a sí mismo por todos, y de los primeros cristianos, que en gratitud a él entregaron todas sus posesiones. Entonces, no estaremos remisos a dar nuestros diezmos ni nuestras ofrendas.

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