Lección 18 ¿Tiene que ver lo que comemos y bebemos algo con nuestra salvación?

Lección 18
¿Tiene que ver lo que comemos y bebemos algo con nuestra salvación?

En el antiguo mundo greco-romano, las filosofías epicúreas, y estoicas, esta última de naturaleza ascética, se desarrollaron al punto de darle forma tanto a las prácticas y costumbres de la sociedad como a la religión y la política.

Ambas corrientes, de vertientes totalmente opuestas, tenían como base la actitud de los individuos que las profesaban ante la vida. Por un lado, los epicúreos promovían un estilo y filosofía de la vida en los cuales el placer era el más alto ideal, y el cuerpo era sólo el medio para alcanzarlo. Decían: “comamos y bebamos que mañana moriremos”.

Por otro lado, los ascéticos Estoicos, y otros como los Pitagóricos, presentaban la sabiduría como el más alto ideal, que sólo era alcanzado por una rígida abstinencia de los placeres de la carne, incluyendo las comidas y bebidas. Estos mortificaban sus cuerpos con la abstinencia aún de alimentos con el fin de alcanzar un más alto nivel de espiritualidad.

Ante dichos extremos, nos preguntamos: ¿cuál es la posición correcta que el cristiano debe tener ante los placeres de la vida? ¿Qué en cuanto a los placeres que son una parte de nuestra vida diaria tal como comer y beber? ¿Hay algo malo en disfrutarlos?, o de lo contrario, ¿tenemos libertad de hacer lo que el cuerpo nos pida, sin importar lo que esto pueda significar para la vida espiritual? Después de todo, ¿tiene que ver lo que comemos y bebemos algo con nuestra salvación? En esta lección, le daremos respuesta a esta y a otras preguntas.

Relación entre la salvación y el estilo de vida

¿Está basada nuestra salvación en lo que comemos y bebemos? (Romanos 14: 17).

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

El primer punto que queremos dejar claro, al iniciar esta lección, es que, como hemos visto en lecciones anteriores, nuestra salvación fue ganada por Cristo en la cruz, y no hay nada que podamos hacer para llegar a ser meritorios de ella, pues es un don de Dios (Efesios 2: 8-10). Esto no quiere decir, sin embargo, que nuestro comer o beber, en ninguna manera, estén relacionados con la obra que Dios quiere hacer en nuestras vidas.

¿Cuál es la relación correcta entre nuestra salvación, y lo que podemos hacer con nuestro cuerpo de acuerdo al apóstol Pablo?

1. 1 Corintios 6: 19, 20. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

2. 1 Corintios 10: 31. Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Lo que hacemos con nuestro cuerpo, es a saber, lo que comemos y bebemos, entre otras cosas, no causan la salvación evidentemente. No obstante, son parte de la salvación, pues el comer y beber saludablemente, así como el proteger y mantener sano nuestro cuerpo, es parte de la obra que Dios hace en nosotros una vez salvos. Dios nos ha comprado con la sangre de su Hijo, y como su posesión, nos ha hecho morada de su Espíritu. El glorificar a Dios al cuidar de nuestro cuerpo, es muestra de nuestro consentimiento a permitirle tomar posesión de su propiedad.

Recordemos que la salvación es tanto un hecho consumado por Cristo en la cruz, como un objetivo final a ser alcanzado del otro lado de la eternidad. Esto, por supuesto, implica que la salvación sea un proceso contínuo, que aunque consumado en la cruz, no se detiene nunca en sus logros en la vida del creyente. La cruz tiene como uno de sus mayores logros, el haber comprado tanto nuestra alma como nuestro cuerpo, los cuales serán finalmente restaurados a la imagen de Dios como al principio.

Un modelo a seguir

El plan de la salvación tiene el objetivo de restaurar la humanidad a su estado original como vista en el Edén. Ese plan provee que el inicio de dicha restauración sea en esta tierra, a pesar de su estado caído. El comer y el beber saludablemente, así como el seguir otras reglas del sano vivir, lejos de ser un sacrificio, anticipan las glorias de la tierra nueva, como se evidencia en sus beneficios. Su mayor beneficio es, por supuesto, el acondicionamiento de nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo, permitiendo que Dios logre su obra con mayor eficacia en nuestras vidas.

¿Cuál fue el propósito original de Dios para el hombre, como se ve en la dieta que se le asignó al ser creado? (Génesis 1: 29).

Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

Dios les proveyó a la primera pareja, los alimentos más sanos y nutritivos que la naturaleza podía producir. El hombre moderno, con toda su tecnología y avances científicos, no han podido superar lo que Dios todavía hoy provee a través de su creación. El pecado entró, pero al entrar no arruinó totalmente la creación de Dios. Todavía hoy, los granos, nueces, frutas y leguminosas, siguen siendo los mejores alimentos para el hombre, como la ciencia misma ha podido comprobar.

¿Qué otros alimentos producidos por la tierra, los cuales no estaban incluídos en la dieta original, permitió Dios que formasen parte del régimen alimenticio humano, luego de la entrada del pecado? (Cénesis 3: 18, Reina Valera Antigua).

Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo.

Las hierbas silvestres no eran parte de la dieta original. Sin embargo, una vez que entró el pecado, llegaron a formar parte del régimen alimenticio humano. Estaban, no obstante, entre las provisiones más nutritivas que la naturaleza daría para consumo de la humanidad.

El pecado habría de causar mayores estragos en el estilo de vida del hombre, incluyendo en lo que comía y bebía. Los animales serían, al igual que el hombre, víctimas de la muerte, en muchos casos, propinada por el hombre mismo, quien los convertiría en su alimento, lo cual no era el plan original de Dios.

¿Cuándo dió Dios su consentimiento a que la carne de los animales llegara a ser parte de la alimentación humana?

1. Génesis 7: 2, 3. De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra. También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.

2. Génesis 9: 3. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.

El diluvio traería devastación sobre la tierra y su provisión de los alimentos de origen vegetal. Tales circunstancias harían necesario el consumo de carne de animales por parte del hombre. Sin embargo, Dios tomó especial cuidado en especificar cuáles animales eran apropiados para el consumo humano, y cuáles no. Eso explica, entre otras razones, el por qué Dios condujo animales limpios al arca, en mayor cantidad que los animales inmundos.

El relato del Génesis da la impresión de que todos los animales fueron provistos como alimento humano. Sin embargo, tanto la lógica como el conjunto de las enseñanzas bíblicas al respecto, apelan a un correcto entendimiento de este asunto, indicándonos claramente que no todo animal pudo haber sido provisto con este fin.

¿Cuáles animales catalogó Dios específicamente como “limpios”, al darles instrucciones a los Israelitas al respecto?

1. Levítico 11: 3 De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis.

2. Levítico 11: 9. Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis.

Al enunciar los criterios para determinar cuáles animales (mamíferos) y cuáles criaturas marinas eran apropiadas para el consumo humano, Dios fue claro al explicar que la ausencia de cualquiera de los criterios bastaba para descartar su carne como apta. Si leemos el capítulo 11 de Levítico cuidadosamente, notaremos que si un animal tenía pezuñas, pero no rumiaba, o sus pezuñas no eran hendidas, o de lo contrario, rumiaba pero no tenía pezuñas hendidas, o si un pez tenía aletas, pero no escamas, o de lo contrario, tenía escamas pero no aletas, quedaba descalificado.

¿Qué aves incluyó Dios en la lista de las aves inmundas? (Levítico 11: 13-19).

Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, el gallinazo, el milano según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; el búho, el somormujo, el ibis, el calamón, el pelícano, el buitre, la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.

Muchos de los nombres de aves mencionados en el texto arriba citado, son desconocidos para nosotros hoy en día. No así el de otros que continúan siendo llamados como la Biblia los llamó. Ejemplo de esto son el avestruz, la cigüeña, el cuervo, y otros.

¿Qué dice la Biblia en cuanto a los reptiles? (Levítico 11: 41, 42).

Y todo reptil que se arrastra sobre la tierra es abominación; no se comerá. Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro o más patas, de todo animal que se arrastra sobre la tierra, no lo comeréis, porque es abominación.

En sus instrucciones a los Israelitas, Moisés usa el término “abominación”, no para necesariamente darle un carácter espiritual a las leyes de salud que él transmite al pueblo de Israel. Tampoco lo hace para explicar un capricho de Dios. El carácter específico de las instrucciones denota el uso de criterios racionales para determinar cuáles son los animales aptos para el consumo humano. Carnes de uso común hoy en día han demostrado no serlo, tanto por criterios bíblicos como científicos. Ejemplo de esto es el cerdo y sus derivados, pues aunque tiene pezuñas hendidas, no rumia (Levítico 11: 7), y el conejo, pues rumia, pero no tiene pezuñas (Levítico 11: 5), y muchas variedades de peces que carecen tanto de aletas como de escamas, o uno de estos dos elementos.

Una lectura cuidadosa de los capítulos 11 de Levítico y 14 de Deuteronomio, rendirá más detalles referentes a los animales limpios e inmundos. Sin embargo, la Biblia no es todo inclusiva en cuanto a los alimentos que se deben evitar ingerir.

¿Qué elementos, ya sea que formen parte de animales limpios o inmundos, son rotundamente prohibidos para consumo humano por la Palabra de Dios? (Levítico 3: 17).

Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grosura ni ninguna sangre comeréis.

El término aquí usado como grosura es traducido, en la Nueva Versión Internacional, simplemente como grasa. El contexto claramente muestra que la grasa a la que aquí se refiere, es de origen animal (Levítico 3: 12-15).

Tanto la sangre como la grasa de animales, son elementos que han demostrado ser portadores de las mayores toxinas, y por ende, causar el mayor daño en el metabolismo humano. Una consulta médica puede bastar para convencernos de cómo, aún la medicina convencional, desanima su uso, o aún lo descarta totalmente. Hoy por hoy, muchas son las personas aquejadas por altos niveles de colesterol en la sangre como resultado de consumir la grasa y sangre animal. Numerosas son las enfermedades y dolencias causadas o empeoradas por el uso de estos elementos.

¿Dice algo la Biblia en cuanto a las bebidas alcohólicas?

1. Proverbios 20: 1. El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera
que por ellos yerra no es sabio.

2. Proverbios 23: 29-32. ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor.

Vez tras vez, a través de toda la Biblia, no solamente se nos advierte acerca de los males del uso de bebidas alcohólicas, sino también vemos ejemplos de sus consecuencias negativas en la vida de quienes las consumían, así como en las de aquellos que los rodeaban. Cualquier intento de justificar el uso de bebidas alcohólicas usando la Biblia misma, contradice sus propias enseñanzas al respecto, y termina haciendo a Dios mentiroso.

Hay muchos otros elementos de nuestro consumo, tales como las bebidas estimulantes como el té, el café, y las bebidas gaseosas,y tales como el tabaco y las drogas, de cuyo uso deberíamos abstenernos. Un sano vivir además incluye el seguir reglas de moderación y preservación de la salud, tales como el ejercicio regular, el dormir a horas regulares, tomar agua pura en abundancia, no comer entre comida, y otras reglas, que aunque parecerían cargar nuestras vidas de restricciones excesivas, en realidad, promueven nuestra libertad y felicidad.

El mejor principio a seguir es llamado temperancia. Esta se define como el uso moderado de las cosas buenas y saludables, y la abstinencia total de las cosas malas o dañinas.

Una dieta especial para un tiempo especial

¿Qué medidas especiales de preparación eran tomadas por el pueblo de Israel durante el día de la expiación, por mandato divino? (Levítico 16: 29-31, Nueva Versión Internacional).

Este será para ustedes un estatuto perpetuo, tanto para el nativo como para el extranjero: El día diez del mes séptimo ayunarán y no realizarán ningún tipo de trabajo. En dicho día se hará propiciación por ustedes para purificarlos, y delante del Señor serán purificados de todos sus pecados. Será para ustedes un día de completo reposo, en el cual ayunarán. Es un estatuto perpetuo.

En la lección 14, vimos cómo estamos viviendo en un tiempo especial de preparación, previo a la venida de Cristo, prefigurado por el día de la expiación. Como en el día típico de la expiación se llamaba al pueblo al ayuno, hoy estamos llamados, no a un ayuno total mientras este tiempo especial dure, como fue en el caso de ellos, pero sí a abstenernos de alimentos nocivos y estilos de vida disfuncionales que puedan retrasar la obra que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, quiere realizar en nosotros. Somos llamados a seguirle por la fe al Lugar Santísimo, y a poner a un lado cualquier cosa que pueda afectar nuestro cuerpo o nuestra mente, impidiendo así este objetivo.

Como hemos visto en la presente lección, moderación en nuestra alimentación, tratando de seguir el modelo original dado en el Edén, y un estilo de vida que no sacrifique innecesariamente nuestras facultades físicas y mentales, nos permitirán glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus, los cuales son de Dios (1 Corintios 6: 20).

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