Lección 15 ¿Es difícil ser cristiano?

Lección 15
¿Es difícil ser cristiano?

El Cristianismo moderno está compuesto de numerosas denominaciones, con diferentes creencias, costumbres, prácticas y tradiciones. Pero todas ellas caen dentro de un espectro, que va desde los que presentan la salvación como algo sumamente difícil, que en gran parte depende de nuestros afanosos esfuerzos, hasta los que presentan una salvación para todos, sin importar decisión alguna tomada de nuestra parte, y por lo tanto, sin requerir nada de nosotros.

Pero en realidad, ¿qué nos enseña la Biblia en cuanto a este tema? ¿Es la salvación fácil o difícil? ¿Nos toca hacer a nosotros una parte por nuestra salvación, y a Dios otra? Si es así, ¿cuál es nuestra parte? ¿Se requiere algún esfuerzo nuestro en lo absoluto? En esta lección veremos las respuestas a éstas y otras preguntas.

¿Qué respondió Cristo a sus discípulos cuando estos vieron la salvación como algo aparentemente difícil? (Mateo 19: 25, 26).

Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

La salvación, así como la vida cristiana, no son simplemente difíciles para los seres humanos. En realidad, son imposibles de alcanzar por nuestro propio poder. Afortunadamente, para Dios no hay nada imposible.

La salvación y la vida cristiana no son imposibles para Dios, pero son difíciles, ¿no? (Génesis 18: 14).

¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

Para Dios no hay nada difícil. Usted se preguntará: ¿quiere decir eso entonces, que podemos olvidarnos de la salvación, y simplemente dejárselo a Dios? La respuesta es sí, y no a la vez. Podemos dejársela a Dios, pero no debemos olvidarnos de ella, no sea cosa que al hacerlo resistamos su obra a favor de nosotros. Su obra a favor de nosotros, incluye una obra que se realiza en nosotros. Veamos primeramente cómo Dios se hizo responsable de nuestra salvación.

¿Qué hizo Dios desde que nuestros primeros padres pecaron? (Génesis 3: 8, 9).

Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?.

Desde que hubo pecado, hubo un salvador. Dios tomó la iniciativa, no esperando que Adán y Eva salieran en su búsqueda para pedir perdón por su pecado, sino que él los buscó primero.

¿De qué forma se hizo visible y real a los seres humanos la iniciativa de Dios? (Lucas 19: 10).

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

En lecciones anteriores, ya hemos visto cómo Dios tomó responsabilidad por el pecado de toda la humanidad, revirtiendo los efectos del pecado de Adán, hasta el punto de garantizar la salvación a todo aquel que le permita llevarla a cabo en su vida.

¿Qué prometió Jesús que pasaría en cada ser humano cuando él fuese crucificado? (Juan 12: 32).

Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

Cristo, no solamente hizo algo a favor de cada ser humano que viene a este mundo al ser crucificado, cancelando los efectos de la condenación traída por Adán, sino que, desde entonces, ha estado atrayendo a todos a sí mismo.

¿Qué recursos están a disposición del Cielo en sus esfuerzos de atraernos al pie de la cruz? (2 Pedro 1: 3, Nueva Versión Internacional).

Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.

Ya vimos en la Lección 9 cómo Dios obra en cada ser humano, poniendo en su corazón la fe, el arrepentimiento, causando el nuevo nacimiento y haciéndole obedecer. Vimos que, de no resistirse, cada individuo experimentará la gracia de Dios al punto de que se efectuará en él los resultados del plan de la salvación.

Muchos sienten que la conversión inicial fue algo más espontáneo, requiriendo menos esfuerzos agonizantes de nuestra parte.

¿Qué nos dice la Biblia en cuanto al resto de la carrera cristiana iniciada al momento de nuestra conversión?

1. Colosenses 2: 6. Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo,
andad en él.

2. Gálatas 2: 3. ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?

De la misma forma en que la obra inicial de Dios estuvo mayormente fuera de nuestro alcance producirla, así la obra subsiguiente ha de ocurrir por su poder. Veamos, en forma más detallada, como causa Dios la obediencia en nosotros subsiguiente al nuevo nacimiento.

¿Qué fuerte motivación, provista por Dios, llevará a cada ser que ha nacido de nuevo, a la obediencia?

1. Juan 14: 15. Si me amáis, guardad mis mandamientos.

2. 2 Corintios 5: 14. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si
uno murió por todos, luego todos murieron.

No hay verdad más clara en las escrituras que la verdad de que Dios es amor, como se manifestó en la entrega de su Hijo por todos nosotros. La comprensión de esa verdad despertará el más profundo agradecimiento expresado en una obediencia voluntaria. Su amor será correspondido por nuestro amor que resultará en obediencia, la cual no será forzada.

¿Cómo expresa el apóstol Juan la verdad de que la obediencia a los mandatos divinos son placenteros si son motivados por el amor? (1 Juan 5: 3).

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.

¿Qué fuerte estimulante usa Dios en la producción de obediencia en nuestras vidas? (2 Pedro 1: 4).

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

Las promesas de Dios fueron las que nos hicieron participantes de la naturaleza divina a través del nuevo nacimiento, en primer lugar. Esas mismas promesas continúan garantizándonos fuerza y motivación para continuar nuestro camino al cielo.

¿Qué promesas hace el que todo lo puede?

1. Jeremías 31: 33. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

2. Ezequiel 36: 26, 27. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Ante los requerimientos de la Palabra de Dios, podemos orgullosamente escoger desafiarnos a nosotros mismos a obedecer, como si en nosotros hubiera poder alguno. Pronto realizaremos, con gran frustración, que la obediencia es una imposibilidad de nuestra parte. Para nuestra dicha, podemos, en lugar de desafiarnos a obedecer, confiando en nuestras buenas intenciones, confiar en Dios y en sus promesas, y permitirle obrar su nueva vida en nosotros.

El mismo Dios da el nombre de “nuevo pacto” (Jeremías 31: 31, 32), a la obediencia proveniente de su obra en la mente y el corazón. Si es así, ¿qué es el viejo o antiguo pacto? (Exodo 19: 8).

Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.

Toda enseñanza sobre la conducta, por más moral que parezca, si se concentra en nuestros esfuerzos, y olvida las promesas de Dios que estimulan tal esfuerzo, es una obra del viejo pacto. Toda obediencia, por bien intencionada que parezca, si proviene de nuestra confianza en nuestros esfuerzos, es falsa.

¿Cómo explica Pablo la relación entre el esfuerzo del hombre y la obra de Dios en nuestra salvación? (Filipenses 2: 12, 13).

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

En realidad, en la vida cristiana, Dios lo hace todo, pero lo hace en nosotros. Por lo tanto, terminamos nosotros haciéndolo todo, obediencia, esfuerzos y sacrificios, como manifestación externa de la motivación producida por la obra de Dios en nuestros corazones. Como hemos visto en esta lección, esta motivación es implantada por Dios al hacernos participantes de la naturaleza divina a través de sus promesas. No hay que olvidar, por supuesto, que la mayor motivación es implantada por Dios en el corazón a través de su amor, cuya expresión en el Calvario, despierta en nosotros una respuesta de amor y obediencia. Este es el cumplimiento del nuevo pacto en nuestras vidas.

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