Lección 11 La Inminencia del fin

Lección 11
La Inminencia del fin

El año 2000 fue uno visto tradicionalmente como el marcador de la meta final en la carrera del tiempo. Su sola mención traía pánico a muchos que presagiaban un final funesto a nuestro mundo actual en tal fecha.

Este año vino y pasó sin mayor eventualidad. Y nos preguntamos: ¿será cierto que el mundo se va a acabar?, y si es así ¿cuando sucederá?, ¿cómo sucederá?, y ¿por qué no ha sucedido ya? Estas y otras preguntas serán contestadas en la presente lección.

Fin del mundo: ¿fantasía apocalíptica o realidad inminente?

¿Cómo el hecho de que se duda de que todo llegará a su final es la más clara señal de que así sucederá? (2 Pedro 3: 3, 4).

Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

No ponemos en cuestionamiento el hecho de que siempre se ha dudado sobre la ocurrencia del fin. Sin embargo, lo interesante a observar es el hecho de que, al pasar los años, una mayor luz procedente de los avances científicos produce un mayor escepticismo en el corazón de muchos. La misma ciencia que debería servir como instrumento para detectar como los signos vitales de nuestro agonizante mundo van progresivamente empeorando, ha servido, por lo contrario, para cegar los ojos de muchos ante la inminencia del fin.

¿Cómo les asegura Pedro a aquellos a quienes les escribe la certeza del fin? (2 Pedro 3: 10).

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

¿Qué señales indicadoras de la cercanía del fin dió el propio Cristo cuando fue interrogado por sus discípulos acerca del mismo? (Mateo 24: 7).

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Señales únicas de nuestro tiempo

Desde el Monte de las Olivas, donde Jesucristo le habló a sus discípulos sobre las señales del fin, se escucharon presagios de un futuro funesto para este mundo. Jesús allí describió señales, no obstante, aparentemente propias del existir de la humanidad en todos los tiempos.

Siempre ha existido guerras, hambre y pestilencia. Sin embargo, nuestra generación ha sido testigo de una exploción demográfica que hace de las hambrunas actuales catástrofes no previamente vistas. Así mismo, enfermedades contagiosas como el SIDA y la Hepatitis C desafían la ciencia que, como nunca antes, se jacta de sus adelantos. Como si fuera poco, una señal que hace de nuestros tiempos, tiempos únicos, sin precedente, es la capacidad del mundo de envolverse en guerras que lo pudieran llevar a la autodestrucción, como se evidencia en la Primera y Segunda Guerra Mundial, la guerra contra el terrorismo, y muchas otras.

Cristo mencionó estos eventos como señales del fin debido al grado único al cual llegarían eventos aparentemente comunes en sus días. Estos no causarían el fin en sí mismo. El así lo señaló al decir: pero aún no es el fin (Mateo 24: 6).

¿Qué sería el evento que en realidad marcaría el fin del tiempo? (Mateo 24: 14).

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.

¿Cómo se le había ya anunciado al Profeta Daniel que eso sería posible? (Daniel 12: 4).

Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.

El progreso de la ciencia aquí profetizado se refiere primariamente al conocimiento del Libro de Daniel, en primer lugar, y de todas las Sagradas Escrituras en general, ya que la palabra ciencia, aquí utilizada, equivale a conocimiento.

No obstante, este versículo se puede aplicar con toda propiedad al avance de la tecnología y descubrimientos científicos varios que han permitido la rápida propagación del Evangelio. Esto ha resultado en que el Evangelio de Cristo haya llegado a muchos de los rincones de nuestro vasto mundo. La profecía de que el Evangelio habría de ser predicado en todo el mundo parece estar más y más cerca a su cumplimiento final para darle paso a los últimos eventos.

¿Qué espera el Señor que no ha venido?

Ya hemos visto que el camino se ha preparado para la predicación del Evangelio en todo el mundo para que llegue el profetizado fin. Medios de comunicación tales como la radio, la televisión, el teléfono, el internet, y los de transporte, tales como los vehículos de motor y los aviones, hacen de nuestro vasto mundo, uno accesible en corto tiempo.

El Evangelio, sin embargo, no por haber sido ampliamente difundido, ha sido necesariamente, de igual forma aceptado.

¿Por qué no ha venido el señor? (2 Pedro 3: 9).

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

La Biblia nos presenta la aparente paradoja de que mientras esperamos al Señor, él en realidad nos espera a nosotros. Nos presenta a un Dios que con paciencia espera anhelantemente la conversión de sus hijos. Esto no quiere decir, no obstante, que Dios está condicionando la venida de Cristo a la conversión del mundo entero, pues El sabe que esto nunca sucederá.

¿Qué obra especial ha de completarse justo antes de que se precipiten los eventos del fin? (Apocalipsis 7: 1-3).

Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

El apóstol Juan, vidente de Patmos, ve en forma de figura y de símbolos la obra final que el Evangelio habría de lograr en el Pueblo de Dios. Ve cómo la Palabra, estampada como un sello sobre el carácter y vida de los creyentes, habría de reproducir el carácter y la vida misma de Cristo. Entonces habría de quedar preparado un Pueblo para permanecer de pie en aquel día (Apocalipsis 6: 17), y ya no habría más tardanza al tan esperado fin.

“Cristo espera con un deseo anhelante la manifestación de sí mismo en su iglesia. Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos. Todo cristiano tiene la oportunidad no sólo de esperar sino de apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si todos los que profesan el nombre de Cristo llevaran fruto para su gloria, cuán prontamente se sembraría en todo el mundo la semilla del Evangelio. Rápidamente maduraría la gran cosecha final, y Cristo vendría para recoger el precioso grano” (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 47, 48).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: