Lección 20 Todas las religiones buscan de Dios, ¿correcto?

Lección 20
Todas las religiones buscan de Dios, ¿correcto?

Actualmente existen múltiples religiones en los Estados Unidos incluyendo el Cristianismo, el Budismo, el Hinduísmo, y el Islam, entre tantas otras. La mayor de todas las religiones en los Estados Unidos, el Cristianismo, está dividida en más de 1, 500 denominaciones y grupos.

Entre tantas religiones, nos preguntamos: ¿quién tiene la verdad?, ¿cómo escojo una denominación a la cual pertenecer?, y ¿es tan importante, después de todo, a qué iglesia debo asistir? En esta lección daremos respuestas a estas y otras preguntas.

Por qué escoger al Cristianismo

En materia de religión, no hay prueba que vaya más allá de toda duda, en cuanto a cuál sea la iglesia o denominación verdadera. Es un asunto de fe, y la fe está basada sobre evidencias, no sobre pruebas irrefutables. Creer es una decisión, así como lo es dudar. Las evidencias pueden servir de fundamento racional para nuestra decisión. Sin embargo, las evidencias en sí mismas, no tienen el propósito de no dejar lugar a las dudas. En otras palabras, quien quiera dudar, siempre encontrará razón, así mismo quien quiera creer.

Como se ha visto a través de este curso, hay evidencias que apoyan al cristianismo como la religión verdadera. Entre las tales tenemos el cumplimiento de las profecías presentadas por la Biblia, el progreso en las naciones que le dan cabida al cristianismo y sus principios, y el poder transformador de sus enseñanzas. Nuestro mundo, y el mismo universo, son evidencias de la realidad del Dios de la Biblia. Seguirá siendo nuestra la decisión si creemos o no.

¿Cómo afirmó Jesús que él era el único camino al cielo? (Juan 14: 6).

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

En la lección 7, vimos claramente cómo Jesús compró la salvación de cada ser humano nacido en este mundo. De este modo, Jesús constituye el único camino al Padre para toda la humanidad. Esto implica que aún los paganos tienen su salvación comprada por la cruz. No obstante, como estudiamos en la lección 8 y 9, si el individuo resiste a la voz de Dios que le habla a su conciencia, ya sea a través de la naturaleza o a través de su Palabra escrita, estará rechazando la salvación comprada por la sangre de Cristo. Por lo consiguiente, un conocimiento de Jesucristo se constituye en determinante para la salvación cuando éste es ofrecido al individuo.

“Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instrumento humano, y sin embargo no perecerán. Aunque ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicieron las cosas que la ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 593).

Identificando a los verdaderos discípulos de Cristo

En la sección anterior, vimos cómo Cristo compró la salvación de todos, aún de aquellos que pertenecen a religiones paganas. Sin embargo, hicimos la aclaración de que una vez que se conoce de Cristo a través de su Palabra, cada individuo será juzgado de acuerdo a este conocimiento. Profesar creer en Cristo, no obstante, no demuestra que alguien sea un verdadero seguidor, ni que su denominación sea la correcta dentro del cristianismo.

¿Qué evidencia indicó Cristo que sería una señal indispensable para identificar a sus seguidores? (Juan 13: 35).

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Una señal indicativa del cristianismo verdadero es el amor entre sus miembros. Esta señal sola, no obstante, no es la única necesaria para distinguir la verdadera iglesia dentro del cristianismo. Este punto es muy importante, sobre todo, hoy en día cuando existen denominaciones cristianas que en nombre del amor dan lugar a prácticas que claramente contradicen las enseñanzas bíblicas, tales como el concubinato y el matrimonio entre homosexuales. El amor verdadero debe estar enmarcado dentro de parámetros que sirvan de criterios sólidos para determinar su autenticidad. De otra forma se pudieran excusar todo tipo de aberraciones y prácticas abominables en nombre del amor.

¿Qué especificaciones más claramente distinguibles están señaladas por las profecías como aquellas que caracterizarían a la iglesia verdadera? (Apocalipsis 12: 17).

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

En visión profética, el apóstol Juan mira a la iglesia verdadera como una mujer pura (Apocalipsis 12: 1). Luego la contempla huyendo al desierto, donde se esconde por 1,260 días proféticos o años (Apocalipsis 12: 6). Finalmente, contempla al resto de su descendencia, quienes son descritos como los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo (Apocalipsis 12: 17).

En esta visión, Juan contempló las características que prevalecerían en la iglesia verdadera, desde su fundación por Cristo y sus discípulos, hasta la actualidad, pasando por los siglos de oscurantismo de la Edad Media, en los cuales fue perseguida. En forma concreta e inconfundible, especificó dos características de la verdadera iglesia: 1. Guardan los mandamientos de Dios, y 2. Tienen el testimonio de Jesucristo.

Los Mandamientos de Dios y el Testimonio de Jesucristo

En esta sección, demostraremos que la Iglesia Adventista del Séptimo Día, denominación a la cual está afiliada el autor de estas lecciones, cumple los requisitos especificados por las profecías del Apocalipsis. Demostraremos a la luz de la Biblia, cómo a diferencia de las demás, esta denominación en forma inequívoca cumple con dichas especificaciones, de manera que no hay necesidad de que nadie quede confundido en su esfuerzo de encontrar la verdadera iglesia.

1. Guardan los Mandamientos de Dios. En la lección 13, vimos cómo la observancia del día Sábado, en cumplimiento del cuarto mandamiento, constituye un elemento indispensable en la observancia de la ley completa, ya que es el mandamiento más olvidado, descuidado y aún atacado por la mayoría del cristianismo. Vimos cómo el apóstol Santiago indica que la transgresión de solamente un mandamiento constituye una violación flagrante de la ley completa (Santiago 2: 10-12). Por lo tanto, constituye una ironía de la mayoría del cristianismo el pretender que observan los mandamientos de Dios, y que obedecen su Palabra, cuando violan abiertamente este mandamiento, el cual fue escrito con su propio dedo.

Siendo que la observancia de los mandamientos de Dios es una señal distintiva de la iglesia verdadera, y siendo que la mayoría de las que profesan tener la verdad observan todos los mandamientos excepto el cuarto, es indiscutible que la Iglesia Adventista del Séptimo Día se distingue como la especificada por la profecía, ya que es clara en su enseñanza, y fiel en su observancia del cuarto mandamiento. La Iglesia Adventista del Séptimo Día deriva en parte su nombre de su énfasis en la observancia de toda la ley, sobre todo, la del Sábado, séptimo día de la semana. Esta característica, no obstante, no constituye un razgo que hace automáticamente a cualquier denominación que la posea, una denominación verdadera.

2. Tiene el testimonio de Jesucristo. Tener el testimonio de Jesucristo es, de acuerdo a la misma Biblia, la posesión del Espíritu de Profecía. El ángel, quien le mostraba la visión al apóstol Juan, cuando este último emocionado cayó postrado para adorarle, lo detuvo diciéndole:

Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el
testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de
la profecía (Apocalipsis 19: 10).

El ángel le explicó claramente que el testimonio de Jesús era el Espíritu de la Profecía. La Iglesia Adventista del Séptimo Día fue recipiente del Don de la Profecía otorgado por el Espíritu Santo. Este don fue manifestado en la vida y ministerio de la Señora Elena G. de White como vimos en la lección 17.

En tiempos modernos, ninguna otra religión que haya reclamado poseer este don ha podido fundamentar sus reclamos en forma convincente sobre la Biblia. Ni las enseñanzas ni la experiencia de tales profetas han pasado las pruebas bíblicas del profeta verdadero. En resumen, la iglesia verdadera, de acuerdo a la profecía, habría de poseer la manifestación auténtica del Espíritu de Profecía en su medio.

La clara manifestación de estas dos características en la Iglesia Adventista del Séptimo Día demuestran, juntamente con la sólida fundamentación de sus creencias en la Biblia, que la búsqueda de la iglesia verdadera se puede detener en sus puertas, con toda confianza de que Dios, a través de su Espíritu, ha llevado al creyente hasta allí. La formación, organización, y desarrollo de este movimiento mundial son en sí mismas evidencias, de su llamado divino a desempeñar una misión especial y única dentro del panorama final de la Historia.

La Iglesia Adventista en la Profecía

¿Qué profecía predecía tanto los acontecimientos que rodearon la fundación de la Iglesia Adventista, como el hecho de que su organización y desarrollo le seguirían, hasta llegar a ser lo que es hoy en día? (Apocalipsis 10: 1-11).

Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Aunque no concierne a este curso el entrar en detalles acerca de cada punto de esta profecía, podemos destacar varios puntos de gran interés que muestran cómo Dios reveló de antemano el surgimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Hay tres elementos principales en la escena que aquí se nos describe: 1. un ángel, 2. un pequeño libro, y 3. el profeta Juan.

1. Un ángel. El símbolo de un ángel en la profecía está asociado generalmente con la proclamación de un mensaje. La palabra griega angelos, de donde se deriva el sustantivo ángel, significa mensajero. Juan ve a este ángel con un pie en el mar y el otro en la tierra (Apocalipsis 10: 2), significando que el mensaje traído por este ángel habría de abarcar, tanto en su extensión como en su incumbencia, a todo el mundo. Este ángel tenía en su mano un pequeño libro, del cual se derivaba el mensaje que proclamaba (Apocalipsis 10: 2, 8-10).

A continuación, Juan ve que, levantando su mano al cielo, el ángel juró que el tiempo no sería más (Apocalipsis 10: 6). Hacia la década del 1840, a través de todo el mundo, surgieron movimientos esporádicos de creyentes que llegaron por separado a la conclusión de que el fin del mundo, predicho por las profecías bíblicas, era inminente. Desde el Yemen hasta Alemania, desde Inglaterra hasta Chile, por todas partes del mundo, llegaron a esta conclusión. Aunque no acordaban en todo detalle, todos tenían la misma esperanza: la de la venida de Cristo en sus días.

El libro en el cual el profeta Daniel escribió las profecías que a él les fueron mostradas, era un libro pequeño en relación al libro de Apocalipsis, como puede ser notado en una comparación de ambos en la Biblia actual. Más aún, el pequeño libro de las profecías de Daniel había sido sellado o cerrado por orden divina. El ángel que le mostraba las visiones a Daniel le dijo: Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará. (Daniel 12: 4). Afortunadamente, vendría un tiempo en el cual aquel libro sería abierto, es decir, se habrían de entender sus profecías, pues el conocimiento se multiplicaría.

El que se haya removido por providencia divina el sello una vez impuesto sobre aquel pequeño libro, fue lo que permitió su entendimiento por parte de los creyentes. Sin embargo, el que el libro hubiese sido abierto, no garantizaba que los creyentes estuviesen libres de error en su comprensión.

Fue justamente una mala comprensión de estas profecías, lo que llevó a los creyentes a identificar el tiempo señalado por el ángel como el tiempo en que el mundo llegaría a su fin al ser purificado por fuego. Pero en realidad, el tiempo mencionado por el ángel se refería al tiempo de la llegada a su fin de la profecía de tiempo más larga descrita en el libro de Daniel.

2. Un pequeño libro. El libro de Daniel, ya identificado como el pequeño libro que tenía el ángel en su mano, predecía el final del tiempo después del cual el santuario sería purificado (Daniel 8: 14). Como vimos en la lección 14, ese tiempo terminó en el 22 de Octubre de 1844. Esta fue la fecha específica para la cual miles de creyentes en los Estados Unidos esperaban la venida de Cristo. La llegada a esta conclusión, y el desenvolvimiento de los eventos que le siguieron, constituyen hitos históricos que formaron la identidad del Adventismo moderno.

3. El profeta Juan. Por mandato del ángel, el apóstol Juan tomó de su mano aquel pequeño libro y lo comió. Esta experiencia resultó en un gran chasco para el Profeta, ya que el librito le supo dulce a la boca pero le amargó en el vientre (Apocalipsis 10: 9, 10).

Guillermo Miller, veterano de la Guerra estadounidense del 1812, estudió ávidamente toda la Biblia, particularmente lo que concernía a las profecías del libro de Daniel. Por más de una década, presentó ante miles de creyentes de todos los Estados Unidos su conclusión de que el tiempo profetizado en Daniel 8: 14 llegaría a su fin el 22 de Octubre de 1844, y que el acontecimiento que entonces habría de ocurrir era el fin del mundo, el cual él identificaba como el Santuario a ser purificado.

Su predicación sacudió a todos los Estados Unidos. Creyentes de toda clase social, raza y condición, ávidamente escudriñaron las Escrituras procurando comprender esta profecía, como quienes devoran un libro. Pero llegado el tiempo, lo que le supo tan dulce al paladar, les amargó el vientre. El gozo de la pronta venida de Cristo, gozo que fue acompañado de un gran reavivamiento y reforma al punto de que los creyentes se despojaron de sus posesiones, fue seguido de un gran chasco, en el cual la fe de muchos desfalleció totalmente.

Pero la providencia divina no los había abandonado. Dios los había guiado hasta allí, y continuaría guiando a todo buscador sincero de la verdad. Como estaba representada en la experiencia chasqueante del apóstol Juan, la gran desilución de los creyentes estaba siendo vigilada muy de cerca por el ángel del Señor, el cual todavía tenía planes aparejados para ellos.

¿Qué orden le dió el ángel a Juan después de su amargo chasco? (Apocalipsis 10: 11).

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Hubo un grupo de creyentes que continuaron su procura de la verdad, esta vez, con más ahinco a pesar de la confusión y el chasco. Descubrieron que el verdadero acontecimiento sucedido en la fecha en la cual pensaban que el Señor vendría, era en realidad el comienzo de una obra especial de Dios a favor de su pueblo, prefigurada por el paso del Sumo Sacerdote del Lugar Santo al Santísimo durante el día de la expiación.

De aquel chasco, surgió la Iglesia Adventista del Séptimo Día, formada en sus comienzos por el remanente que permaneció fiel. Este grupo de creyentes fieles se organizaron formalmente en el 1863. Con la ayuda de pioneros tales como José Bates, James y Elena White, Urias Smith, J. N. Andrews, y muchos otros, las creencias fundamentales de este cuerpo de creyentes fueron tomando forma y la organización fue creada hasta llegar a ser lo que es hoy en día.

Esta institución ha hecho objeto de su labor a todo el mundo, tal como se le ordenó a Juan cuando se le dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. Para lograr este propósito ha fundado una extensa red de hospitales, de escuelas y universidades, casas de publicaciones, estaciones de radio y televisión, agencias asistenciales, y muchos otros recursos. De particular importancia es la obra realizada por la Iglesia Adventista en el área de libertad religiosa, educando al público sobre su importancia, e interviniendo proactivamente por su preservación a través del mundo.

La Iglesia Adventista cuenta con aproximadamente 14 millones de miembros en más de 200 países. Lo más importante de todo, por supuesto, es su fiel apego a las Escrituras, y su procura de mayor luz. Cuenta con un cuerpo de miles de pastores, obreros bíblicos, obreros de la página impresa, y otros obreros que de una forma u otra contribuyen con su empleo a tiempo completo o parcial. En adición, cuenta con millones de laicos, es decir, miembros no pagados, que dan de su tiempo y sus recursos a la propagación del mensaje del pronto regreso de Cristo. La Iglesia Adventista del Séptimo Día extiende una invitación al estudiante de este curso, a que considere con mucha oración el unirse a sus filas para que juntos busquen mayor luz de Dios a través de su palabra, y se preparen para la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo.

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